Los
Teólogos equivocaron la ubicación del cielo, del
purgatorio y del infierno. Error difundido por
superstición, prejuicio o costumbre que la Fe jamás se
atrevió a corregir. Esta histórica y humana tergiversación del
Credo expresa que el purgatorio se halla entre el
cielo y el infierno, y que es el sitio al cual
se retiran las almas para sanarse, no por castigo, acción que
sí acaece en el lugar que en nuestra lengua lleva nombre
similar al de enfermo y que Dios, con delicadeza, creó
para ese fin. No siendo la ubicación del purgatorio la
que hasta hoy se consideraba como auténtica, se percibe que en
realidad a las puertas del cielo está el infierno
y que, entonces, sólo y tan sólo debajo de él —por designar
alguna determinación física accesible al entendimiento
humano—, se encuentra el purgatorio. Los que no logran
permanecer en el cielo caen abruptamente al infierno,
arrastrando con ellos piedras y otras molestias que no son más
que obstáculos, memoria y tormento para esos desgraciados.
Ellos saben que desde cualquier punto de las galerías del
infierno se contempla el infinito cielo, y esto los
abisma hasta el horror, horror que ni la Santa Inquisición
fue capaz de atisbar. Del purgatorio, algunos místicos
han divulgado —tal vez presos de conducta herética— que por él
no se va hacia ninguna parte; pero, merced a la ciencia y con
una mano puesta sobre el corazón, debo confesar que es casi
seguro que esto no sea motivo que interese ni a los del cielo
ni a los ímprobos del infierno.
Palermo, septiembre de 1994